4. Mi etapa en Sevilla (I) Mi vida en el Hostal

Como quedó explicado en los tres capítulos anteriores, tras tres días pedaleando llegué a Sevilla el 22 de agosto con la idea de quedarme allí solo un día, y aquella misma primera noche cambié de planes y decidí estar un tiempo en la ciudad, incluso aunque eso supusiera quedarme todo un mes en Sevilla (que es el tiempo mínimo que suelen exigir los hostales a los voluntarios).

Tenía ante mí un mes para vivir la capital de Andalucía tan intensamente como me fuera posible. Que bueno, al fin y al cabo eran solo 4 semanitas, y desde hacía años tenía en mente tantas cosas para hacer cuando viviera en una ciudad de esas características que más me valía aprovechar muy bien cada día de mi tiempo, ya que a saber cuando podré volver a disfrutar del lujo de vivir en el puro centro de una ciudad tan mágica como Sevilla!
Y no perdí ni un segundo:
Apenas me instalé en mi hostal, Hostel One Centro, comencé a recorrer como un loco cuantas más calles y barrios me fuera posible del centro histórico, en solitario y también haciendo varios tours de diferentes empresas, con los sentidos bien abiertos para intentar memorizar tantos detalles, historias y nombres como me fuera posible. Cuanto más conocía la ciudad, más me apasionaba, y al mismo tiempo más la quería conocer. Al fin y al cabo, como comentaba antes, llevaba años con el sueño en la cabeza de vivir un tiempo en el centro de una gran ciudad, siempre con Madrid o Barcelona en mente, y sorprendentemente en un giro inesperado de los acontecimientos fue Sevilla el lugar donde buena parte de todos aquellos objetivos se acabaron materializando.


A los pocos días de llegar comencé a sentir la sensación de que de alguna forma, por ignorancia, siempre había infravalorado la riqueza de esta gema histórica que es la Capital del Sur, y ahora de pronto se me estaba desvelando día tras día y paseo tras paseo todo su potencial, de golpe. Yo siempre había sentido que Granada, con diferencia, era la ciudad más bonita de Andalucía. Ahora, después de este tiempo, y del cariño y conocimiento que he desarrollado por Sevilla, ya no estoy tan seguro.

Teniendo tan hermoso escenario como telón de fondo, una vez hecha la primera toma de contacto con el centro hispalense comencé a ocupar mi tiempo en multitud de distintas actividades.

La primera de esas ocupaciones en cantidad de tiempo, y también en importancia, fue el trabajo y las todas las experiencias relacionadas con el hostal:
Ubicado en una típica casa histórica de la acogedora placita de San Andrés, al lado de las Setas, Hostel One Centro es un auténtico crisol de culturas, habitado por jóvenes voluntarios y huéspedes que han decidido elegir Sevilla como parada en su viaje, porque tanto unos como otros son viajeros. Al no tratarse de un hostal demasiado económico, la mayoría de sus clientes eran viajeros anglosajones, sobre todo estadounidenses y australianos, seguidos de cerca por los alemanes. Por desgracia para mí, el idioma español en el hostal brillaba por su ausencia, siendo yo la mayoría de las veces el único que lo hablaba, aunque es cierto que estaba rodeado de extranjeros que intentaban aprenderlo y que en mayor o menor medida lo hablaban a su manera. Además, de vez en cuando algún que otro español o sudamericano aparecía por la puerta y me alegraba el día.
Algo que me sorprendió al llegar fue que la mayoría de la gente en el hostal era más joven que yo! Viajeros de veinte o veintipocos años con una energía y objetivos que a veces me hacían recordar a mi época de la Erasmus, hace ya 8 años. Yo a su lado me sentía más mayor, pero como tengo este físico y este espíritu para algunas cosas tan joviales, y como siempre he sentido que no había disfrutado de la fiesta en mi momento tanto como me hubiese gustado, esa diferencia de edad no me ha supuesto ningún contratiempo.
Y hablando de la fiesta… decir que en estos meses no ha faltado. Cada noche en el hostal se salía con los huéspedes por los pubs y discotecas de Alfalfa y la Alameda, y una vez por semana me tocaba a mí! La verdad es que me daba bastante pereza hacer de pastor del rebaño, pero por otro lado me alegro de haber salido esas noches porque algunas han sido muy divertidas y memorables, aunque siempre procuraba regresar relativamente temprano para intentar aprovechar la mañana siguiente y no quedarme durmiendo hasta el mediodía, costumbre generalizada en el hostal.

Los voluntarios éramos muchos, y de todas las nacionalidades. Viví con diferentes grupos o tandas de voluntarios, al permanecer yo bastante más tiempo que la media, y por muchos de ellos desarrollé un hermoso cariño: en orden cronológico y puestos en una lista aunque muchos no estuviesen en el hostal al mismo tiempo, los voluntarios durante mi estancia fueron Coco (Colombia), Flor (Argentina), Deniz (Turquía), Lydia (Inglaterra), Weh’yee (EEUU), Grace (EEUU), Yvonne (EEUU), Chris (Alemania), Lisa (Suecia), Sara (Alemania), Lia (Austria) Sophie (Corea), Julienne (Brasil), Adrien (Francia), Steve (Grecia-Australia), Adam (Australia), Talia (Francia), Hannah (EEUU) y Rose (Australia). A ellos hay que sumar a los recepcionistas: Diego (Argentina), Mirela (Croacia), Emi (Canada), Natasha (Brasil) y Diego (Croacia).
24 hermosas personas de todo el mundo con los que he compartido habitación, comidas y fiestas durante dos meses. Por muchos de ellos he desarrollado un cariño muy especial y a muchos espero volver a ver en el futuro. A todos ellos hay que sumar al personal de la limpieza, con Oscar, Mayte y Chino. También a Chel, el bailaor de flamenco mejicano y guía turístico de los huéspedes, y su amigo Enzo (Chiapa) que siempre andaban por el hostal, y por último a todos los clientes del hostal, aunque cueste creer que también había espacio para ellos! Algunos huéspedes son muy memorables para mí, como Silja (alemana), Maurina (porteña), Amritpal (india e inglesa), Gerardo (venezuela) o mi querido Gustavo de Mar del Plata.

Del hostal me quedo con sus hermosas cenas grupales, gracias a las cuales he perdido el miedo a cocinar para los demás (aunque “los demás” signifique 50 personas!!), me quedo con esa bonita atmósfera de compartir con el prójimo, con esa mezcla de culturas a la que desde 2011 yo ya estoy habituado y en la que me muevo como pez en el agua. Me quedo con las noches de películas entre voluntarios en la Blue Room, con las fiestas que me hacían volver a sentir con 20 años, y especialmente me quedo con las risas, los abrazos, los cariños y el amor que el tiempo va desarrollando entre unos y otros, y que hace que como por arte de magia un grupo de desconocidos se convierta en una gran familia. Hostel One Centro no ha sido solo un hermoso edificio con conveniente ubicación para mis propósitos sevillanos, ha sido un hogar en el que he vivido muchos hermosos momentos con hermosas personas que ya para siempre guardaré en mi corazón y mi memoria. Hoy, tiempo después, miro hacia atrás y con una sonrisa en la cara me alegro mucho de haber tomado la decisión de hacer el voluntariado allí aquella mañana del 23 de agosto.


(Continuará)

Tarta sorpresa de despedida: de izquierda a derecha: Talia, Natasha, yo, Adrien, Lisa, Diego, Steph y Cristina (llegaron ese último dia), Mirela y abajo Rose.

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