Así como en la anterior entrada del blog describí mis vivencias como voluntario en el hostal de Sevilla, este capítulo lo dedicaré al valiosísimo y fortuito hallazgo en mi vida de una de esas ramas de la familia de mi padre que antes yo desconocía por completo, al no recordar que ya nos habíamos conocido hace más de veinte años.
Resulta que mi abuela Elvira tuvo seis hermanos, y una de sus hermanas, llamada María, decidió mudarse con su marido e hijos a Sevilla hace muchísimo tiempo, y allí tuvo cinco hijos, que son los primos sevillanos de mi padre, dos de los cuales he tenido la gran suerte de conocer a mi paso por la ciudad. Aunque siento que la palabra conocer se queda corta, ya que me han tratado como un Rey y me he sentido muy cercano a ellos.
En el capítulo 3 explicaba como ya a mi paso por Carmona recibí el mensaje de una prima de mi padre, Araceli, que al tener la noticia de que yo estaba haciendo mi viaje en bici me escribió y me puso en contacto con su hijo Victor, el policía local de Carmona a quien yo luego tuve la suerte de visitar y conocer en aquella localidad sevillana.
Pues muy poco después, a los dos días de llegar a Sevilla, Araceli me invitó a almorzar a su casa y allí pasé un rato fantástico con ella, su marido Emilio y con su hija Elena, que tiene un año menos que yo.
Tras comer y conversar me descubrieron una vieja reliquia familiar de la que yo jamás había oído hablar: existía un video de la mítica Fiesta en Lomena, en la que los siete miembros de la familia Catalán García (es decir mi abuela y sus hermanos) se reunieron ya muy mayores por última vez junto con todos sus hijos y nietos, a finales de los 90 y en el cortijo de Lomena (Lucena), en una grandiosa y única fiesta de dos días que ya para siempre permanecerá en nuestras memorias en la que hubo de todo, y especialmente cariño, recuerdos, emociones y mucho calor humano.
Allí estuve yo también, con algo así como siete años. Estaba incluso Salva, que todavía era poco más que un bebé. Y estaba todo el resto de nuestra parte de la familia (excepto Manu y Elenilla que aún no habían llegado).
¡veinte años después en la casa de Araceli en Sevilla Este me entero de que existe un video de más de media hora con lo mejor de aquel evento! Y verlo en el salón de Araceli junto a ellos tres me hizo sentir algo muy bonito: que a pesar de no conocernos aparentemente casi de nada, y aunque viviéramos “lejos”, ellos tres y yo representábamos distintas ramas de un mismo tronco, un mismo origen, una misma historia, que a pesar de todo aún fluían por nuestras venas y que de pronto se estaban reactivando. Y sentí que como por arte de magia aquellas dos ramas que durante décadas habían avanzado en direcciones distintas y cada vez más lejanas, cambiaron el rumbo y se volvieron a tocar:
Un mes después, aún durante mi estancia en Sevilla y recién llegados de Lucena tras un breve paso por la capital para recogerme a mí, dos coches llegarían al Chalet de Javi, el hermano de Araceli (y por lo tanto también primo de mi padre), en la sierra norte de Sevilla. En uno de los coches íbamos la abuela Elvira, mi padre, mi madre y yo. En el otro iban el tito Migue, la tita Inés, Manu y Elenilla. Todos emocionados por conocer, o volver a ver, a esa otra desconocida parte de la familia. El día fue inolvidable, gracias al cariño y cercanía de todos y a lo encantadores y divertidos que fueron nuestros anfitriones! Comimos, bebimos, hablamos mucho, jugamos a la petanca y todos juntos vimos el video de Lomena con mi abuela como especial invitada de honor, por veteranía y por ser ella el vínculo viviente que a todos allí nos unía con ese trocito de pasado.
Ese día me sentí afortunado de encontrarme aún tan cerca de mi pueblo, algo que ayudó mucho a que la vida me regalara otra jornada memorable con los míos (en especial con mi abuela a la que ya no sabía cuando volvería a ver).
Además de aquella experiencia en el Chalet de Javi (y de otra previa también allí que no he descrito de otro día que me invitaron a mí) con mis primos he coincidido varias veces en este tiempo en Sevilla.
A Elena y a Victor tengo la fortuna de haberles conocido bastante en estos dos meses: Con ella fui el día que nos conocimos a una disco-piscina llena de gente que parecía salida de Hombres, Mujeres y Viceversa. Otro día me invitó a un pedazo de concierto del Kanka en la Cartuja, y otro día lo pasamos juntos en el muelle de las Delicias y el Parque de Maria Luisa. Tras esos cuatro ratos juntos tengo la sensación de conocerla bien y de haber en cierto modo recuperado con ella todos esos años perdidos en cuanto a cercanía se refiere. Con Victor salí de fiesta una noche de sábado muuy memorable por la Alameda, y fue en su casa donde pasé mi última noche en Sevilla. Noche por cierto en la que yo le invité a cenar a mi hostal! gracias a mi primo Victor he aprendido que los policías pueden ser tios cojonudos exactamente igual que alguien de cualquier otra profesión.
Me siento muy afortunado de haber podido conocer bien a este pedazo de mi familia, e inmensamente agradecido al haber sido acogido por ellos de este modo.
Siento también que se ha generado un vínculo entre nosotros que ya siempre quedará abierto!
Ha sido un auténtico placer, sevillanos!
