Tercer y último capítulo de mi vida en Sevilla. Cubiertos mi vida en el hostal y mi relación con la familia sevillana, ahora quiero relatar algunas de las actividades a las que dedicaba mi tiempo al salir de mi plazoleta:
Al poquito de llegar a la ciudad, y sabiendo que me quedaría un tiempecillo, me dispuse a buscar algunas de esas actividades a las que siempre fantaseo con apuntarme pero nunca lo hago por no parar quieto y estar siempre viajando.
Encontré una academia de yoga y meditación a dos calles del hostal, el centro Esana, y me apunté a un curso de Hatha Yoga con el profe Victor, de Buenos Aires. En poco tiempo puede apreciar los beneficios que mantener una práctica de yoga y meditación varias veces a la semana aportan a mi cuerpo y a mi mente.
Me apunté también a una academia de Salsa y Bachata, llamada Los Reyes del Mambo, en la Plaza de Armas. Otro sueño que llevaba años deseando retomar desde que en 2016 dejara Benalmádena y ya no volviera a retomarlo. Y es que mira que sé poco, pero aún con ese poco me encanta esa mágica sensación de mover mi cuerpo mientras que guío a una mujer al son de la música. Fueron tan solo unas semanas de clases que apenas sirvieron para saciar ese deseo, y espero retomarlo pronto, algún día, y esta vez durante meses hasta por fin lograr convertirme en el bailarín razonablemente aceptable de mis sueños.
Además del yoga y el baile, estaban el cine, estaban los paseos a pie o en bici por el centro y por el mágico parque de Maria Luisa, y estaban los museos y eventos de la ciudad. En ese sentido tuve suerte de coincidir con el 500 aniversario del comienzo de la primera vuelta al mundo, la de Magallanes y Elcano, que partieron en 1519 del muelle de Triana. Una epopeya del ser humano que me había cautivado desde que la conocí en profundidad hacía años y a la que la ciudad de Sevilla ha dedicado una inmensa cantidad de eventos, tours y exposiciones durante este otoño, muchos de los cuales he podido disfrutar.
En uno de esos tours conocí a María, sevillana y guía turística, de cuya compañía y conocimiento pude disfrutar durante varios atardeceres por las calles de la ciudad, en los que ella me narraba los cuentos, historias y leyendas de allá por donde camináramos. Gracias a ella también supe de la existencia de las charlas de su amigo Sebastian, un francés de corazón sevillano experto en crecimiento personal que juntaba en un bar de Triana a todos sus amigos cada dos viernes para hablar sobre psicología y autoconocimiento. En esas charlas he conocido a muchas personas increíbles y abiertas a crecer y mejorar, y si vuelvo a Sevilla otra vez no me pienso perder ni una, porque María y sus amigos son justo el tipo de gente que desearía encontrarme al llegar a cualquier nuevo lugar. Gracias María por este gran descubrimiento!

Y hablando de personas fantásticas y de crecimiento personal, ahora le toca el turno, como no puede ser de otra manera, a mis queridos amigos del retiro en el Lago de las Siete Estrellas de agosto, un grupo de distintos sevillanos con los que coincidí en aquellos inolvidables días previos al comienzo de mi viaje y por los que cambié mis planes y decidí visitar Sevilla! Estoy hablando, en primer lugar, de mi Almudena, con la que comencé la etapa sevillana (al quedarme en su casa los primeros días) y que me trató como a un Rey; de Amparo, a la que vi un par de veces que me supieron a poco, como me supo muy a poco aquel mediodía en la casa de Triana de Javi con Miguel y Damián; mi querida Auxi me ayudó a descubrir esa otra Sevilla que sin ella no habría conocido, con esa agenda repleta de talleres y eventos en los que tan bien ella se mueve y que compartió conmigo. Y qué decir de Jose, y su inmensa sabiduría, ejemplo de crecimiento y superación. Queda pendiente un viaje con él, a Nepal, a Marruecos o a donde se tercie.
A todos ellos les agradezco sus conversaciones, sus consejos y su dedicación, y por ellos también me encantaría regresar en el futuro a Sevilla.
Si a todo esto le sumamos los planes con mis primos, los días en los que mis padres venían a visitarme, un par de visitas sorpresa de guías de Backroads y todo el tiempo dedicado al hostal y a su gente, puede entenderse por qué decidí quedarme un mes más en la ciudad, al sentirme tan feliz y pleno.

Y sí, esos dos meses podrían haber sido 3, o 6, o muchos más. Razones no me faltaban para quedarme: muchísimas amistades, un trabajo permanente en el hostal si lo quisiera, y muchas más cosas que conocer en una ciudad que me acabó enamorando, pero en su lugar, a comienzos de octubre, decidí que en torno al día 20 de ese mes proseguiría mi aventura. Los principales motivos para tomar esa decisión fueron mis ganas por descubrir nuevos lugares, al sentir que mi viaje apenas había hecho más que empezar; la urgencia ante la inminente llegada al sur del frío invernal, que me hacía querer avanzar antes de que la temperatura bajase más y las tormentas vinieran, y sobretodo esa profunda necesidad de dedicarme a alguna actividad más acorde con mis ideales y mis sueños, más relacionada con la naturaleza y con la ecología.
Sevilla fue divertido, memorable, y sorprendente. Una etapa de mi vida rica en personas y experiencias que ya siempre se quedará conmigo.
Y finalmente, en la soleada mañana de un 22 de octubre, después de pasar la noche en casa de mi primo Victor, preparé la bicicleta y, tras pasar una última vez por ese lindo hostal en la acogedora plazoleta de San Andrés, reemprendí mi viaje cargado de energía, ánimo e ilusión, y esta vez hacia el Sur.
¡Continuará!

Llévame contigo un poquito 🙂
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