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2. Los primeros pasos

Son las once de la noche y me encuentro ahora tirado en mi esterilla bajo un olivo y la luz de cientos de estrellas. Estoy en mitad de la nada. Ni ruido ni luces humanas. Solo la suave brisa del verano y el sonido lejano de algún pájaro trasnochador. Rememoro todo lo ocurrido en las últimas 40 horas y me es difícil sintetizarlo en un texto. Estos dos días han sido toda una experiencia: al salir de Lucena me paré en un banco para despedirme (por un tiempo, familia) de la ciudad que me vió crecer, y mientras que estaba en ello llegaron mis primeros amigos del viaje. Dos jubilados (Rafael y Antonio, alias “el Niño de la Verea”) con los que estuve hablando casi dos horas.

Terminé saliendo tardísimo y tras unos primeros kilómetros por el trazado que una vez recorrió el llamado tren del aceite, llegué a las Navas del Selpillar (pedanía de Lucena) donde acabé almorzando con mi tia Carmelín que vino a traerme mi saco dormir, recién llegado de amazon. Y si a eso le sumamos la parada de dos horas en mi particular oasis de veinte árboles para sobrevivir a la calor de la tarde, al final lo que se dice pedalear, el primer día pedaleé poco.

Terminé montando la tienda en un olivar sobre Puente Genil, con la privilegiada vista de todas las luces nocturnas de su casco antiguo.

El segundo día, sin embargo, ha sido mucho más eficiente que el primero. De Puente Genil a Herrera, de allí a Marinaleda, donde, evidentemente, he flipao al conocer en persona un proyecto único en la España de los últimos 40 años. Hasta se me ha pasao por la cabeza mudarme ahí algún día! Quien sabe..

De Marinaleda al Rubio bajo un Sol que cada vez daba más castigo, y de ahí a Lantejuela, donde he tenido la suerte de encontrar abierta la piscina pública y no me lo he pensao dos veces! Tras Lantejuela he seguido pedaleando por las extensas llanuras de la campiña sevillana hasta llegar a Marchena, con sus imponentes murallas medievales y sus enormes iglesias, y al salir de ahí mi amigo Google me la ha jugao y me ha metido en un caminillo de arena imposible que me ha traido aquí, a mi olivo, un humilde paraíso que en este momento no cambiaría ni por el mejor hotel de lujo.

6. Mi etapa en Sevilla (III) Mis planes y mi gente fuera del hostal

Tercer y último capítulo de mi vida en Sevilla. Cubiertos mi vida en el hostal y mi relación con la familia sevillana, ahora quiero relatar algunas de las actividades a las que dedicaba mi tiempo al salir de mi plazoleta:

Al poquito de llegar a la ciudad, y sabiendo que me quedaría un tiempecillo, me dispuse a buscar algunas de esas actividades a las que siempre fantaseo con apuntarme pero nunca lo hago por no parar quieto y estar siempre viajando.
Encontré una academia de yoga y meditación a dos calles del hostal, el centro Esana, y me apunté a un curso de Hatha Yoga con el profe Victor, de Buenos Aires. En poco tiempo puede apreciar los beneficios que mantener una práctica de yoga y meditación varias veces a la semana aportan a mi cuerpo y a mi mente.
Me apunté también a una academia de Salsa y Bachata, llamada Los Reyes del Mambo, en la Plaza de Armas. Otro sueño que llevaba años deseando retomar desde que en 2016 dejara Benalmádena y ya no volviera a retomarlo. Y es que mira que sé poco, pero aún con ese poco me encanta esa mágica sensación de mover mi cuerpo mientras que guío a una mujer al son de la música. Fueron tan solo unas semanas de clases que apenas sirvieron para saciar ese deseo, y espero retomarlo pronto, algún día, y esta vez durante meses hasta por fin lograr convertirme en el bailarín razonablemente aceptable de mis sueños.
Además del yoga y el baile, estaban el cine, estaban los paseos a pie o en bici por el centro y por el mágico parque de Maria Luisa, y estaban los museos y eventos de la ciudad. En ese sentido tuve suerte de coincidir con el 500 aniversario del comienzo de la primera vuelta al mundo, la de Magallanes y Elcano, que partieron en 1519 del muelle de Triana. Una epopeya del ser humano que me había cautivado desde que la conocí en profundidad hacía años y a la que la ciudad de Sevilla ha dedicado una inmensa cantidad de eventos, tours y exposiciones durante este otoño, muchos de los cuales he podido disfrutar.
En uno de esos tours conocí a María, sevillana y guía turística, de cuya compañía y conocimiento pude disfrutar durante varios atardeceres por las calles de la ciudad, en los que ella me narraba los cuentos, historias y leyendas de allá por donde camináramos. Gracias a ella también supe de la existencia de las charlas de su amigo Sebastian, un francés de corazón sevillano experto en crecimiento personal que juntaba en un bar de Triana a todos sus amigos cada dos viernes para hablar sobre psicología y autoconocimiento. En esas charlas he conocido a muchas personas increíbles y abiertas a crecer y mejorar, y si vuelvo a Sevilla otra vez no me pienso perder ni una, porque María y sus amigos son justo el tipo de gente que desearía encontrarme al llegar a cualquier nuevo lugar. Gracias María por este gran descubrimiento!

Vistas de Sevilla desde debajo del puente de Triana, una noche cualquiera.


Y hablando de personas fantásticas y de crecimiento personal, ahora le toca el turno, como no puede ser de otra manera, a mis queridos amigos del retiro en el Lago de las Siete Estrellas de agosto, un grupo de distintos sevillanos con los que coincidí en aquellos inolvidables días previos al comienzo de mi viaje y por los que cambié mis planes y decidí visitar Sevilla! Estoy hablando, en primer lugar, de mi Almudena, con la que comencé la etapa sevillana (al quedarme en su casa los primeros días) y que me trató como a un Rey; de Amparo, a la que vi un par de veces que me supieron a poco, como me supo muy a poco aquel mediodía en la casa de Triana de Javi con Miguel y Damián; mi querida Auxi me ayudó a descubrir esa otra Sevilla que sin ella no habría conocido, con esa agenda repleta de talleres y eventos en los que tan bien ella se mueve y que compartió conmigo. Y qué decir de Jose, y su inmensa sabiduría, ejemplo de crecimiento y superación. Queda pendiente un viaje con él, a Nepal, a Marruecos o a donde se tercie.
A todos ellos les agradezco sus conversaciones, sus consejos y su dedicación, y por ellos también me encantaría regresar en el futuro a Sevilla.
Si a todo esto le sumamos los planes con mis primos, los días en los que mis padres venían a visitarme, un par de visitas sorpresa de guías de Backroads y todo el tiempo dedicado al hostal y a su gente, puede entenderse por qué decidí quedarme un mes más en la ciudad, al sentirme tan feliz y pleno.

Vistas a la Catedral desde una terracita de Santa Cruz, otra noche cualquiera.


Y sí, esos dos meses podrían haber sido 3, o 6, o muchos más. Razones no me faltaban para quedarme: muchísimas amistades, un trabajo permanente en el hostal si lo quisiera, y muchas más cosas que conocer en una ciudad que me acabó enamorando, pero en su lugar, a comienzos de octubre, decidí que en torno al día 20 de ese mes proseguiría mi aventura. Los principales motivos para tomar esa decisión fueron mis ganas por descubrir nuevos lugares, al sentir que mi viaje apenas había hecho más que empezar; la urgencia ante la inminente llegada al sur del frío invernal, que me hacía querer avanzar antes de que la temperatura bajase más y las tormentas vinieran, y sobretodo esa profunda necesidad de dedicarme a alguna actividad más acorde con mis ideales y mis sueños, más relacionada con la naturaleza y con la ecología.
Sevilla fue divertido, memorable, y sorprendente. Una etapa de mi vida rica en personas y experiencias que ya siempre se quedará conmigo.

Y finalmente, en la soleada mañana de un 22 de octubre, después de pasar la noche en casa de mi primo Victor, preparé la bicicleta y, tras pasar una última vez por ese lindo hostal en la acogedora plazoleta de San Andrés, reemprendí mi viaje cargado de energía, ánimo e ilusión, y esta vez hacia el Sur.

¡Continuará!

Recorriendo el Guadalquivir en kayak con Talia, Adam y Lisa. Nos lo pasamos mejor que niños!

5. Mi etapa en Sevilla (II) Mi familia sevillana.

Así como en la anterior entrada del blog describí mis vivencias como voluntario en el hostal de Sevilla, este capítulo lo dedicaré al valiosísimo y fortuito hallazgo en mi vida de una de esas ramas de la familia de mi padre que antes yo desconocía por completo, al no recordar que ya nos habíamos conocido hace más de veinte años.

Resulta que mi abuela Elvira tuvo seis hermanos, y una de sus hermanas, llamada María, decidió mudarse con su marido e hijos a Sevilla hace muchísimo tiempo, y allí tuvo cinco hijos, que son los primos sevillanos de mi padre, dos de los cuales he tenido la gran suerte de conocer a mi paso por la ciudad. Aunque siento que la palabra conocer se queda corta, ya que me han tratado como un Rey y me he sentido muy cercano a ellos.

En el capítulo 3 explicaba como ya a mi paso por Carmona recibí el mensaje de una prima de mi padre, Araceli, que al tener la noticia de que yo estaba haciendo mi viaje en bici me escribió y me puso en contacto con su hijo Victor, el policía local de Carmona a quien yo luego tuve la suerte de visitar y conocer en aquella localidad sevillana.
Pues muy poco después, a los dos días de llegar a Sevilla, Araceli me invitó a almorzar a su casa y allí pasé un rato fantástico con ella, su marido Emilio y con su hija Elena, que tiene un año menos que yo.
Tras comer y conversar me descubrieron una vieja reliquia familiar de la que yo jamás había oído hablar: existía un video de la mítica Fiesta en Lomena, en la que los siete miembros de la familia Catalán García (es decir mi abuela y sus hermanos) se reunieron ya muy mayores por última vez junto con todos sus hijos y nietos, a finales de los 90 y en el cortijo de Lomena (Lucena), en una grandiosa y única fiesta de dos días que ya para siempre permanecerá en nuestras memorias en la que hubo de todo, y especialmente cariño, recuerdos, emociones y mucho calor humano.
Allí estuve yo también, con algo así como siete años. Estaba incluso Salva, que todavía era poco más que un bebé. Y estaba todo el resto de nuestra parte de la familia (excepto Manu y Elenilla que aún no habían llegado).
¡veinte años después en la casa de Araceli en Sevilla Este me entero de que existe un video de más de media hora con lo mejor de aquel evento! Y verlo en el salón de Araceli junto a ellos tres me hizo sentir algo muy bonito: que a pesar de no conocernos aparentemente casi de nada, y aunque viviéramos “lejos”, ellos tres y yo representábamos distintas ramas de un mismo tronco, un mismo origen, una misma historia, que a pesar de todo aún fluían por nuestras venas y que de pronto se estaban reactivando. Y sentí que como por arte de magia aquellas dos ramas que durante décadas habían avanzado en direcciones distintas y cada vez más lejanas, cambiaron el rumbo y se volvieron a tocar:

Un mes después, aún durante mi estancia en Sevilla y recién llegados de Lucena tras un breve paso por la capital para recogerme a mí, dos coches llegarían al Chalet de Javi, el hermano de Araceli (y por lo tanto también primo de mi padre), en la sierra norte de Sevilla. En uno de los coches íbamos la abuela Elvira, mi padre, mi madre y yo. En el otro iban el tito Migue, la tita Inés, Manu y Elenilla. Todos emocionados por conocer, o volver a ver, a esa otra desconocida parte de la familia. El día fue inolvidable, gracias al cariño y cercanía de todos y a lo encantadores y divertidos que fueron nuestros anfitriones! Comimos, bebimos, hablamos mucho, jugamos a la petanca y todos juntos vimos el video de Lomena con mi abuela como especial invitada de honor, por veteranía y por ser ella el vínculo viviente que a todos allí nos unía con ese trocito de pasado.

Ese día me sentí afortunado de encontrarme aún tan cerca de mi pueblo, algo que ayudó mucho a que la vida me regalara otra jornada memorable con los míos (en especial con mi abuela a la que ya no sabía cuando volvería a ver).

Además de aquella experiencia en el Chalet de Javi (y de otra previa también allí que no he descrito de otro día que me invitaron a mí) con mis primos he coincidido varias veces en este tiempo en Sevilla.
A Elena y a Victor tengo la fortuna de haberles conocido bastante en estos dos meses: Con ella fui el día que nos conocimos a una disco-piscina llena de gente que parecía salida de Hombres, Mujeres y Viceversa. Otro día me invitó a un pedazo de concierto del Kanka en la Cartuja, y otro día lo pasamos juntos en el muelle de las Delicias y el Parque de Maria Luisa. Tras esos cuatro ratos juntos tengo la sensación de conocerla bien y de haber en cierto modo recuperado con ella todos esos años perdidos en cuanto a cercanía se refiere. Con Victor salí de fiesta una noche de sábado muuy memorable por la Alameda, y fue en su casa donde pasé mi última noche en Sevilla. Noche por cierto en la que yo le invité a cenar a mi hostal! gracias a mi primo Victor he aprendido que los policías pueden ser tios cojonudos exactamente igual que alguien de cualquier otra profesión.

Me siento muy afortunado de haber podido conocer bien a este pedazo de mi familia, e inmensamente agradecido al haber sido acogido por ellos de este modo.

Siento también que se ha generado un vínculo entre nosotros que ya siempre quedará abierto!
Ha sido un auténtico placer, sevillanos!

Fiesta en el Chalé de Javi y Mari Carmen con las dos familias unidas! 21 de Septiembre de 2019

4. Mi etapa en Sevilla (I) Mi vida en el Hostal

Como quedó explicado en los tres capítulos anteriores, tras tres días pedaleando llegué a Sevilla el 22 de agosto con la idea de quedarme allí solo un día, y aquella misma primera noche cambié de planes y decidí estar un tiempo en la ciudad, incluso aunque eso supusiera quedarme todo un mes en Sevilla (que es el tiempo mínimo que suelen exigir los hostales a los voluntarios).

Tenía ante mí un mes para vivir la capital de Andalucía tan intensamente como me fuera posible. Que bueno, al fin y al cabo eran solo 4 semanitas, y desde hacía años tenía en mente tantas cosas para hacer cuando viviera en una ciudad de esas características que más me valía aprovechar muy bien cada día de mi tiempo, ya que a saber cuando podré volver a disfrutar del lujo de vivir en el puro centro de una ciudad tan mágica como Sevilla!
Y no perdí ni un segundo:
Apenas me instalé en mi hostal, Hostel One Centro, comencé a recorrer como un loco cuantas más calles y barrios me fuera posible del centro histórico, en solitario y también haciendo varios tours de diferentes empresas, con los sentidos bien abiertos para intentar memorizar tantos detalles, historias y nombres como me fuera posible. Cuanto más conocía la ciudad, más me apasionaba, y al mismo tiempo más la quería conocer. Al fin y al cabo, como comentaba antes, llevaba años con el sueño en la cabeza de vivir un tiempo en el centro de una gran ciudad, siempre con Madrid o Barcelona en mente, y sorprendentemente en un giro inesperado de los acontecimientos fue Sevilla el lugar donde buena parte de todos aquellos objetivos se acabaron materializando.


A los pocos días de llegar comencé a sentir la sensación de que de alguna forma, por ignorancia, siempre había infravalorado la riqueza de esta gema histórica que es la Capital del Sur, y ahora de pronto se me estaba desvelando día tras día y paseo tras paseo todo su potencial, de golpe. Yo siempre había sentido que Granada, con diferencia, era la ciudad más bonita de Andalucía. Ahora, después de este tiempo, y del cariño y conocimiento que he desarrollado por Sevilla, ya no estoy tan seguro.

Teniendo tan hermoso escenario como telón de fondo, una vez hecha la primera toma de contacto con el centro hispalense comencé a ocupar mi tiempo en multitud de distintas actividades.

La primera de esas ocupaciones en cantidad de tiempo, y también en importancia, fue el trabajo y las todas las experiencias relacionadas con el hostal:
Ubicado en una típica casa histórica de la acogedora placita de San Andrés, al lado de las Setas, Hostel One Centro es un auténtico crisol de culturas, habitado por jóvenes voluntarios y huéspedes que han decidido elegir Sevilla como parada en su viaje, porque tanto unos como otros son viajeros. Al no tratarse de un hostal demasiado económico, la mayoría de sus clientes eran viajeros anglosajones, sobre todo estadounidenses y australianos, seguidos de cerca por los alemanes. Por desgracia para mí, el idioma español en el hostal brillaba por su ausencia, siendo yo la mayoría de las veces el único que lo hablaba, aunque es cierto que estaba rodeado de extranjeros que intentaban aprenderlo y que en mayor o menor medida lo hablaban a su manera. Además, de vez en cuando algún que otro español o sudamericano aparecía por la puerta y me alegraba el día.
Algo que me sorprendió al llegar fue que la mayoría de la gente en el hostal era más joven que yo! Viajeros de veinte o veintipocos años con una energía y objetivos que a veces me hacían recordar a mi época de la Erasmus, hace ya 8 años. Yo a su lado me sentía más mayor, pero como tengo este físico y este espíritu para algunas cosas tan joviales, y como siempre he sentido que no había disfrutado de la fiesta en mi momento tanto como me hubiese gustado, esa diferencia de edad no me ha supuesto ningún contratiempo.
Y hablando de la fiesta… decir que en estos meses no ha faltado. Cada noche en el hostal se salía con los huéspedes por los pubs y discotecas de Alfalfa y la Alameda, y una vez por semana me tocaba a mí! La verdad es que me daba bastante pereza hacer de pastor del rebaño, pero por otro lado me alegro de haber salido esas noches porque algunas han sido muy divertidas y memorables, aunque siempre procuraba regresar relativamente temprano para intentar aprovechar la mañana siguiente y no quedarme durmiendo hasta el mediodía, costumbre generalizada en el hostal.

Los voluntarios éramos muchos, y de todas las nacionalidades. Viví con diferentes grupos o tandas de voluntarios, al permanecer yo bastante más tiempo que la media, y por muchos de ellos desarrollé un hermoso cariño: en orden cronológico y puestos en una lista aunque muchos no estuviesen en el hostal al mismo tiempo, los voluntarios durante mi estancia fueron Coco (Colombia), Flor (Argentina), Deniz (Turquía), Lydia (Inglaterra), Weh’yee (EEUU), Grace (EEUU), Yvonne (EEUU), Chris (Alemania), Lisa (Suecia), Sara (Alemania), Lia (Austria) Sophie (Corea), Julienne (Brasil), Adrien (Francia), Steve (Grecia-Australia), Adam (Australia), Talia (Francia), Hannah (EEUU) y Rose (Australia). A ellos hay que sumar a los recepcionistas: Diego (Argentina), Mirela (Croacia), Emi (Canada), Natasha (Brasil) y Diego (Croacia).
24 hermosas personas de todo el mundo con los que he compartido habitación, comidas y fiestas durante dos meses. Por muchos de ellos he desarrollado un cariño muy especial y a muchos espero volver a ver en el futuro. A todos ellos hay que sumar al personal de la limpieza, con Oscar, Mayte y Chino. También a Chel, el bailaor de flamenco mejicano y guía turístico de los huéspedes, y su amigo Enzo (Chiapa) que siempre andaban por el hostal, y por último a todos los clientes del hostal, aunque cueste creer que también había espacio para ellos! Algunos huéspedes son muy memorables para mí, como Silja (alemana), Maurina (porteña), Amritpal (india e inglesa), Gerardo (venezuela) o mi querido Gustavo de Mar del Plata.

Del hostal me quedo con sus hermosas cenas grupales, gracias a las cuales he perdido el miedo a cocinar para los demás (aunque “los demás” signifique 50 personas!!), me quedo con esa bonita atmósfera de compartir con el prójimo, con esa mezcla de culturas a la que desde 2011 yo ya estoy habituado y en la que me muevo como pez en el agua. Me quedo con las noches de películas entre voluntarios en la Blue Room, con las fiestas que me hacían volver a sentir con 20 años, y especialmente me quedo con las risas, los abrazos, los cariños y el amor que el tiempo va desarrollando entre unos y otros, y que hace que como por arte de magia un grupo de desconocidos se convierta en una gran familia. Hostel One Centro no ha sido solo un hermoso edificio con conveniente ubicación para mis propósitos sevillanos, ha sido un hogar en el que he vivido muchos hermosos momentos con hermosas personas que ya para siempre guardaré en mi corazón y mi memoria. Hoy, tiempo después, miro hacia atrás y con una sonrisa en la cara me alegro mucho de haber tomado la decisión de hacer el voluntariado allí aquella mañana del 23 de agosto.


(Continuará)

Tarta sorpresa de despedida: de izquierda a derecha: Talia, Natasha, yo, Adrien, Lisa, Diego, Steph y Cristina (llegaron ese último dia), Mirela y abajo Rose.

3. Se fue a Sevilla… y se quedó!!

Amaneció mi tercer día de viaje y seguía yo descansando plácidamente bajo el olivo, sin nada que me molestara y a pocos kilómetros de Marchena.

La buena suerte del día anterior y la cantidad de kilómetros que había hecho provocaron que me confiara y saliera tarde, sin ningún tipo de prisa, creyendo que el desayuno lo tomaría en Carmona.

Pero me equivocaba… y en las horas siguientes experimenté de primera mano tres de los problemas a los que cualquier ciclista se debe enfrentar tarde o temprano: primero, descubrí al poco de empezar que el caminillo por el que iba estaba lleno de arena… hasta el punto de tener que bajarme constantemente a empujar una bici que parecía clavada al suelo. Segundo, cuando conseguí salir del camino y llegar a la carretera, y saboreando ya el cercano desayuno al descubrir la silueta de Carmona a lo lejos, se despertó un viento huracanado que impedía que la bici avanzara en aquella recta infinita. Y tercero, al llegar a los pies de la ciudad, ya exhausto por el viento y el Sol, me quedaba un gran reto: mi primera gran subida desde que salí de Lucena.. vaya cuestón. Al llegar a la cima y entrar en el pueblo con muchísimo esfuerzo comprendí que la mitad del peso que cargo en la bici sobra y me tengo que deshacer de muchas cosas. Pero eh, que estaba en Carmona! Ciudad Patrimonio de la Humanidad y bonita donde las haya!

Pero quien me iba a decir a mí que lo primero que haría al entrar a Carmona iba a ser ir derecho a la Jefatura de Policía… y es que esa misma mañana había descubierto que tengo un primo segundo llamado Victor que es local allí y me ofreció cuidarme la bici mientras recorría el casco antiguo de esa maravilla sevillana. Mi primo resultó ser un tio encantador, claro! Y gracias a él pude recorrer con facilidad el laberíntico entramado de callecitas blancas y monumentos que es Carmona, y hasta disfrutar un rato en el antiguo palacio, ahora Parador Nacional!

La tarde después de Carmona transcurrió tranquila y sin complicaciones. Solo la falta de tiempo me obligó a darme caña si quería llegar a Sevilla antes de que anocheciera… y lo conseguí justito.

A eso de las 21.30, ya en la oscuridad de la noche, llegaba a la capital andaluza. Mas en concreto a Sevilla Este, donde vive mi amiga Almudena (a la que conocí hace una semana en el retiro del Lago de las 7 Estrellas en Granada!) y donde me estoy alojando estos días.

El plan inicial era ir directo de Lucena a Cádiz, pero al conocer a tantos sevillanos en el retiro que me cayeron tan bien decidí hacer un pequeño desvío para saludarles… pero ay! La vida es impredecible y yo lo que quiero es dejarme llevar por la situación, y esa noche al no poder dormir recordé que desde hacía años yo siempre había fantaseado con vivir un tiempo en Sevilla, y desde que dejé Florencia en 2013 tenía ganas de volver a trabajar de voluntario en un hostal de viajeros porque aquella experiencia me supo a poco, así que saqué el móvil, me hice una cuenta en workaway (la página para hacer voluntariado). Envié un par de mensajes y me quedé dormido. Al despertar en la mañana de mi cuarto día de viaje y ver el móvil vi que tenía un mensaje de un hostal: querían una entrevista conmigo. Un par de horas más tarde estaba en el centro de Sevilla viendo el hostal. Estaba muy bien. Les gusté y a mí me gustó, pero Almudena me había hablado de un segundo hostal que yo quería visitar antes de comprometerme. Así que me dirigí al hostalito y descubrí que era un edificio antiguo en una hermosa plazoleta al lado de las Setas, en el corazón sevillano. Al ver el interior comprendí que estaba justo en el sitio donde siempre había fantaseado con vivir un tiempo. Había llegado al hostal perfecto! Aunque no sabía ni si aceptaban voluntarios. Por suerte le caí bien a Diego, el chico argentino que me entrevistó, y… el martes 27 comienzo a trabajar de voluntario en el Hostel One Centro de Sevilla por al menos un mes!

Y es que como diría mi abuelo José, “la vida es un vidón”.

Mi bici, la Golosa, y yo hace un rato en la Plaza de España de Sevilla, mi nueva ciudad!

1. Por fin llegó la hora

Desde que era un niño me han fascinado los viajes. Recuerdo sentir esa atracción por lo desconocido desde siempre. Dice mi amigo Migui que en 2011 ya me recuerda fantaseando con la idea de emprender algún día una larga aventura.

Y por fin, ayer 20 de agosto, después de muchos años queriendo hacerlo, y varios meses de retrasos y preparativos, comenzó ese gran Viaje.

Ya he viajado mucho en estos años anteriores, pero lo que diferencia a esta experiencia de todas las demás es que ahora no hay límites temporales y geográficos. He decidido saciar mi curiosidad y cumplir mi sueño, dando prioridad a esta experiencia por encima de todo lo demás en esta etapa de mi vida. No existe ningún plan exhaustivo. Solo meros bocetos mentales de aquello que me gustaría hacer, y seguir a mi corazón allá donde me lleve. Por lo tanto otra característica del viaje va a ser la flexibilidad. Haré lo que sienta. Y si lo que sienta cambia, cambiará el viaje. La vida dirá.

Por lo pronto, ayer por la mañana me despedí de mis padres y salí de casa en Lucena, montado en mi nueva bici, dirección a Sevilla!

La sensación de dejar atrás mi familia y mi pueblo por lo que preveo podrá ser una larga etapa de mi vida me sobrecogía mientras cruzaba Lucena en una bonita mañana de verano y todos los vecinos que comenzaban su día y se cruzaban conmigo me miraban.

Muchas emociones al mismo tiempo: felicidad, vértigo, nerviosismo, un poco de miedo y esa increible sensación de haber conseguido superar todas las barreras físicas y mentales para seguir lo que sentía y cumplir un sueño.

Y así, con mi nueva bici y mis sueños cargados hasta los topes, ayer 20 de agosto de 2019 me sumergí en el mar de olivos de la campiña cordobesa, rumbo al oeste, en lo que preveo que sea quizás el viaje más importante de mi vida

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